Reseña - Historia de la aparición
de la antigua novena franciscana
SANTUARIO DE LA VIRGEN DE REGLA
Junto a las aguas limpias de sus playas, Chipiona es depositaria de una Virgen de tez morena: La Virgen de Regla. La imagen de la Virgen es una escultura sedente, cuya antigüedad se remonta al año 1399, época de transición del románico al gótico. Tiene 62 centímetros de altura, en madera policromada. Pertenece al grupo de "Vírgenes Negras", pero a diferencia de éstas, la de Regla tiene el Niño de pie, apoyado sobre la pierna izquierda y no sentado en el regazo. La talla desnuda en su origen, a finales del siglo XVI, pasó a vestir ropajes de "reina". La imagen, con corona y aureola, adquirirá así un tamaño relevante que realzaba su figura con vistas a sacarla en procesión.
La ubicación del santuario en la misma desembocadura del Guadalquivir, contribuyó a propagar su devoción. Llevado por navegantes y por los mismos misioneros de la comunidad, el culto a la Virgen llegó a lugares tan alejados como: Bélgica. Cuba, Colombia, Filipinas, México, Santo Domingo, Venezuela... A la devoción popular y monacal el final del siglo XIV, fecha del acta fundacional de este monasterio, no les debió parecer con suficiente antigüedad para esta imagen y buscaron un halo de prestigio en la leyenda. Así surgió en los cronistas conventuales del siglo XVII la hermosa leyenda del origen africano de la efigie: la veneró San Agustín en su oratorio. Ante la inseguridad vándala, fue traída a estas costas africanas por los eremitas agustinianos. La imagen fue encerrada en un pozo, bajo una higuera, para evitar las profanaciones de los árabes y, hallada de modo milagroso en el siglo XIV por un canónigo regular de León. Junto al santuario se erigió, en el siglo XVI, el humilladero para reafirmar una devoción remozada por la leyenda. La historia, siempre más sobria, sitúa el origen del santuario y de la imagen en la reconquista del bajo Guadalquivir. A principios del siglo XIV, el castillo que los Ponce de León poseían junto al mar, se transformó en santuario de la imagen de Regla y a la vez, en residencia de canónigos regulares hasta el 1.399, año en que fueron relevados por los ermitaños de San Agustín que morarán en ella hasta el año 1.835, fecha de la desamortización.
Hubo un momento en que el esplendor del santuario se eclipsó con la exclaustración y desamortización. La imagen fue llevada a la parroquia y permaneció allí por espacio de 17 años. Nunca faltaron corazones vigilantes que custodiaron su gloria y le ofrecieron vasallaje. El 7 de septiembre de 1.852, gracias a las gestiones de los Infantes de Orleáns, residentes en Sanlúcar de Barrameda, la Virgen retornó a su santuario. Don Antonio de Orleans y Doña María Luisa de Borbón, hermana de la Reina Isabel II, que veraneaba en Sanlúcar, profesaron desde siempre una gran profesión a la Virgen de Regla de Chipiona, hasta tal punto que bautizaron con el nombre de Regla a una de sus hijas; siendo otra de sus hijas la Reina María de las Mercedes, esposa de Alfonso XII posteriormente, una vez viuda Doña María Luisa, donó el Palacio de San Telmo de Sevilla al Beato Cardenal Spinola para que fuese seminario. Y un día llegaron a estas tierras los hijos de San Francisco. Los trajo el ardor misionero del P José Lerchundi, Superior de las Misiones de Marruecos. Un grupo compuesto por 24 religiosos, provenientes de Santiago de Compostela arribó a la playa el 1.882. Las ruinas cobraron vida. El rosal helado volvió a florecer. El viejo monasterio agustiniano se convirtió en Colegio Franciscano de Misioneros para Tierra Santa y Marruecos. El santuario ha vuelto a ser uno de los puntos principales en los que se centra el fervor mariano del pueblo andaluz. A lo largo del siglo XX, el santuario ha conocido momentos estelares: un nuevo templo, bendecido por el Beato Cardenal Spinola, el 14 de Enero de 1906, sustituyó a la vieja ermita dándose la curiosidad de que aún estaba por construir la torre y parte de la solería del templo. La devoción que le tenía el Cardenal Spinola a la Virgen de Regla fue determinante para que éste viniese, ya muy enfermo, desde Madrid después de celebrar una boda real, falleciendo cinco días después.
El acontecimiento cumbre se dio el 5 de septiembre de 1.954: la coronación de la imagen de la Virgen de manos del Arzobispo de Sevilla Don Pedro Segura ante más de 70.000 fieles. Hoy igual que siempre, desde su trono, María sigue dorando esperanzas y madurando deseos. En Chipiona y su región todo tiene aquí su nacimiento y logrado fin. Todo se resume y condensa a los pies de María. Desde aquí la luz rompe hacia los cuatro puntos cardinales y viste de claridad "los gozos y esperanzas, las tristezas y angustias de los hombres de nuestro tiempo".