sEXTO DÍA DE NOVENA
preparatoria a la fiesta de Nuestra Señora de la Regla de San Agustín
Para iniciar el rito se hace la señal de la cruz y se reza el acto de contricción
ORACIÓN PREPARATORIA
Acuérdate, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección, implorando tu auxilio y reclamando tu socorro, haya sido desamparado de ti. Animado con esta confianza, a Ti también acudo, ¡Oh Virgen, Madre de las vírgenes! y, aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a comparecer ante tu presencia soberana. ¡Oh Madre de Dios!, no deseches mis humildes súplicas; antes bien, escúchalas y acógelas favorablemente. Amén.
ORACIóN PARA TODOS LOS DIAS
Virgen de Regla y Norma de vida, Inmaculada llena de gracia, bondad y ternura en abundancia, me rindo a tu maternal acogida. Lirio y Madre de humanidad, Faro radiante y singular protectora, de mis aflicciones conocedora, tu misericordia llama a mi ruindad. María buena, dócil y cariñosa, dame la dicha de tenerte por Madre hijo del Eterno Dios y Padre, digno de tu intercesión poderosa. Oh Sierva de la Bienventuranza, dame al Dios hermano, quiero ser cristiano de tu mano, y caminar a tu semejanza. AMÉN.
ORACIóN PARTICULAR
Santísima Virgen de Regla, eres Salud de los enfermos; y enfermo yo, necesitado de Salud no encuentro fuera de ti otro remedio más que tu intercesión maternal. Nos das a Jesucristo, el Señor, fruto de vida y de salud, y fuente de toda felicidad y gracia, que libra de todo mal y dolor. Concédeme Señor, por medio de María tu madre la petición que vengo hoy a hacerte, confiado en la Promesa de que el que te halla encontrará la vida y alcanzará del Señor la salud. Por eso me postro yo también ante tu imagen de Regla, a implorar tu asistencia misericordiosa. Si tú quieres puedes sanarme; sáname y seré sano; remédiame y seré remediado; lo hago por tu mediación, Virgen Santa. Dame tu ayuda y socorro, sana mi alma del pecado. Así sea.
CONSIDERACIÓN / REFLEXIÓN DEL DÍA
Contemplamos hoy a María como la mujer que habita en la Santísima Trinidad. La maternidad de María la ha vinculado estrechamente con la Santísima Trinidad como madre del Hijo, hija del Padre y esposa del Espíritu Santo, como decimos en la oración del Santo Rosario. El Vaticano II afirma que entre María y la Trinidad se establece una relación de intimidad única: "Redimida de un modo eminente en atención a los futuros méritos de su Hijo, y a Él unida con estrecho e indisoluble vínculo, está enriquecida con esta suma prerrogativa y dignidad: ser la Madre de Dios Hijo y, por tanto, la hija predilecta del Padre y el sagrario del Espíritu Santo" (LG 53). María es "el santuario y el reposo de la santísima Trinidad". La maternidad divina de María ha vinculado a la Virgen María estrechamente con las personas trinitarias. Por ser madre del Hijo entra necesariamente en relación con el Padre y también con el Espíritu Santo, por obra del cual le concibe. Nuestro Padre San Francisco es consciente de la necesidad del hombre de Dios, y no sólo eso, subraya la necesidad de vivir en Dios y dejarnos afectar de cada uno de los dones de las tres divinas personas, como lo hace María. Por eso, mirando y contemplando a María, podemos sentirnos hijos de Dios Padre, admiramos el misterio de la Virgen Madre y participamos de la grandiosa realidad que supone reconocer a María como esposa del Espíritu Santo.
GOZOS A n. S. DE REGLA
L. Faro radiante, Virgen de Regla, danos tu protección.
T. Faro radiante, Virgen de Regla, danos tu protección.
L. Salve Madre de Dios y madre nuestra.
Poseedora de todos los bienes que el Señor da.
T. Faro radiante, Virgen de Regla, danos tu protección.
L. Madre de toda confianza, honor y gloria.
Reina del pueblo que rendido a tus plantas te implora.
T. Faro radiante, Virgen de Regla, danos tu protección.
L. Hija y esclava del Altísimo y Sumo Rey.
Madre de todos los santos y las virtudes cristianas.
T. Faro radiante, Virgen de Regla, danos tu protección.
L. Torrente de gozo, salud y alegría.
Ninguna semejante a ti entre las mujeres.
T. Faro radiante, Virgen de Regla, danos tu protección.
L. Madre buena de todo el que te ama,
nardo radiante de purísimo olor.
T. Faro radiante, Virgen de Regla, danos tu protección.
EJEMPLO
En 1625, en Rota, una madre entregó a su hija a los poderes de la magia, superstición y espiritismo. La joven empezó a sufrir toda clase de males tanto físicos, como psíquicos y espirituales. Al comprobar las fatales consecuencias de su acción tan peligrosa y contraria a la fe, asustada, se arrepintió del mal hecho y, juntamente con su hija, invocó a Dios confiando en el auxilio de su Madre, la Virgen Santísima de Regla, quien volvió a la paz a la madre y la hija. En numerosas ocasiones a lo largo de los siglos muchos que han buscado la felicidad, el consuelo y el arreglo de sus problemas en mediaciones lejanas a Dios. Después han venido arrepentidos a pedir perdón al Señor y tomar a la Virgen de Regla como remedio a sus males. Sólo en Dios está nuestra felicidad y salvación. Él es quien nos regala a María como Protección Poderosa ante los peligros y sugerencias que la vida nos puede presentar que no nos pueden dar la felicidad. A ella recurrimos hoy queriendo dejar atrás todos los fenómenos paranormales como pueden ser la magia, la superstición, el horóscopo, el espiritismo… que lejos de darnos un bien nos alejan del Dios todo Bien y Sumo Bien.
Pedimos el favor que deseemos alcanzar en esta novena por intercesión de María Santísima de Regla.
Padre nuestro
Ave María
Gloria
ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DIAS
Santa Madre de Dios, patrona y abogada nuestra, que desde tu Santuario de Regla velas constantemente por tus hijos como Madre cariñosa y atiendes solícita al socorro de todas las necesidades. Muéstrame nuevamente a tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, Luz y guía en el mar de la vida. Escucha, Nardo Purísimo, mi oración, sabes bien lo necesitado que estoy y cuánta es la confianza y necesidad que tengo en tu protección poderosa. Auxíliame, por tanto, en mi petición, sin tener en cuenta mis pecados. Concédeme, Virgen de Regla, lo que con fe te pido de corazón, para mejor poderte servir en adelante, honrarte, venerarte, darte gloria y manifestar tu bondad y misericordia. Así sea.
¡Viva la virgen de regla!
