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Segundo DÍA DE NOVENA

preparatoria a la fiesta de Nuestra Señora de la Regla de San Agustín 

Para iniciar el rito se hace la señal de la cruz y se reza el acto de contricción

ORACIÓN PREPARATORIA


     Acuérdate, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección, implorando tu auxilio y reclamando tu socorro, haya sido desamparado de ti.  Animado con esta confianza, a Ti también acudo, ¡Oh Virgen, Madre de las vírgenes! y, aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a comparecer ante tu presencia soberana.  ¡Oh Madre de Dios!, no deseches mis humildes súplicas; antes bien, escúchalas y acógelas favorablemente. Amén.

ORACIóN PARA  TODOS LOS DIAS 


     Virgen de Regla y Norma de vida, Inmaculada llena de gracia, bondad y ternura en abundancia, me rindo a tu maternal acogida. Lirio y Madre de humanidad,  Faro radiante y singular protectora, de mis aflicciones conocedora,  tu misericordia llama a mi ruindad. María buena, dócil y cariñosa, dame la dicha de tenerte por Madre hijo del Eterno Dios y Padre, digno de tu intercesión poderosa. Oh Sierva de la Bienventuranza, dame al Dios hermano, quiero ser cristiano de tu mano, y caminar a tu semejanza. AMÉN.

ORACIóN PARTICULAR


     

     Virgen de Regla y consuelo de mi alma, a ti acudo hoy en mi necesidad, postrándome ante tu presencia, esperando alcanzar tu amparo. Reconozco que en los días de alegría, de dicha y de felicidad viví alejado de ti y de tu Hijo Jesucristo; arrepentido en los momentos de prueba me atrevo a acercarme a ti,  para exponerte mi necesidad. Tú eres el remedio y puerta del cielo, gloria del género humano y soberana de los Ángeles, refugio de los pecadores y espejo de la pureza, manantial de las gracias y tesoro de los dones celestiales, ayuda de los pobres y alegría de los humildes, guía de los viajeros y puerto de los náufragos, escudo de los combatientes y faro radiante de piedad, madre de los huérfanos y el apoyo de las viudas, abogada de los penitentes y médico de los enfermos, modelo de los justos y gloria de los cristianos, todo socorro y todo consuelo, de las aflicciones e infortunios del hombre. AMÉN.  

CONSIDERACIÓN / REFLEXIÓN DEL DÍA


 Consideramos a María Madre de Dios y Madre Nuestra. Que María sea madre del hombre Jesús supone todo un privilegio y responsabilidad. Considerar a María Madre de Dios supone que entra a formar parte de la vida divina de su Hijo. Este privilegio fue querido y pedido por el pueblo sencillo. Como tal, nos ponemos a las plantas de Nuestra Señora de Regla para que Ella sea quien siga educándonos, revelando la voluntad del Señor en nuestra vida y sea intercesora en nuestras necesidades. María, Madre de Dios y Madre nuestra, nos da a Dios y a la vez nos lo regala. Miramos a la Virgen de Regla y la llamamos: MADRE. Ella nos acoge como tal y nuevamente nos regala el DON más inmenso: su HIJO Jesucristo. Con él Dios nos regala la salvación y la redención. Considerar a María Madre de Dios y Madre nuestra desde la espiritualidad franciscana nos lleva la vida de Francisco y Clara que nos invitan a convertirnos en madres de Nuestro Señor Jesucristo “cuando lo recibimos en la comunión en nuestro cuerpo casto” y nos invitan “a darlo a luz con nuestras obras y acciones”. Miramos a Santa María de Regla. Ella no sostiene a su Hijo en el regazo sino que lo muestra como Hombre Dios y nos lo lanza. Hoy le agradecemos el don de su Hijo y todavía más que ella nos lo regala para que también nosotros seamos “MADRES”. Pedimos perdón a Dios junto con María por aquellas personas, que lejos de querer ser irradiadores de la vida, no son mediaciones eficaces; por los que no respetan la vida en todas sus formas y manifestaciones. Agradecemos a los que se abren a la vida, a los que reconocen a Dios como Padre y Madre, a los que son instrumentos de vida, la de la tierra y la del cielo. 

GOZOS A n. S. DE REGLA


L. Faro radiante, Virgen de Regla, danos tu protección.


T. Faro radiante, Virgen de Regla, danos tu protección.


L.  Virgen madre entregada por completo al Señor, 

alma castísima que nos da a nuestro santo redentor. 


T. Faro radiante, Virgen de Regla, danos tu protección. 


L. Gloria excelsa de toda cristiana virtud,

amparo poderoso de la necesidad del creyente. 


T. Faro radiante, Virgen de Regla, danos tu protección. 


L.  Sol claro y radiante que alumbra nuestra miseria, 

celestial doncella, el más precioso diamante. 


T. Faro radiante, Virgen de Regla, danos tu protección. 


L. Arca de la Nueva Alianza, la por Dios elegida, 

Madre de Dios en la tierra, Esposa del Espíritu Santo. 


T. Faro radiante, Virgen de Regla, danos tu protección.


L. Templo de Salomón y ciudad de defensa,

quien en sí no contempló ninguna culpa. 


T. Faro radiante, Virgen de Regla, danos tu protección.


EJEMPLO  


     

     El año 1329, vivía en Sanlúcar de Barrameda una pobre mujer enferma que no podía ni levantarse ni moverse en la cama. En medio de la aflicción invocó a la Santísima Virgen de Regla. La enferma vio cómo la Virgen apareció en su habitación tal como se venera en su santuario. Admirada con la visión, pero llena de santa familiaridad, invito a la Virgen a acercarse a su lecho. La Madre de Dios, aceptando su humilde ruego, tomó una teja, que había junto al hogar, y se sentó sobre ella a la cabecera de la enferma. Sentada, tocó a la enferma y la invitó a levantarse. Inmediatamente lo hizo, mientras besaba la mano de su bienhechora. La enferma tomó el camino de Regla, llevando la teja sobre la que se había sentado la Reina de los Ángeles. Durante el camino pidió limosna para mandar celebrar una Misa en honor de María Santísima. Sólo llegó a reunir cuatro cuartos, pero habiendo entrado en la sacristía de Regla, y cuando fue a entregar la limosna recibida, vio, con admiración, que las 14 monedas de cobre se habían convertido en piezas de plata. Algunas de estas monedas se repartieron a los Duques de Medinaceli, Medina Sidonia... y otros. Otros quedan en el Santuario para fomentar la devoción de los fieles.



Pedimos el favor que deseemos alcanzar en esta novena por intercesión de María Santísima de Regla. 




Padre nuestro

 Ave María 

Gloria  

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DIAS


     Santa Madre de Dios,  patrona y abogada nuestra,  que desde tu Santuario de Regla  velas constantemente por tus hijos como Madre cariñosa y atiendes solícita al socorro   de todas las necesidades. Muéstrame nuevamente a tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, Luz y guía en el mar de la vida.  Escucha, Nardo Purísimo, mi oración, sabes bien lo necesitado que estoy  y cuánta es la confianza y necesidad que tengo en tu protección poderosa.  Auxíliame, por tanto, en mi petición,  sin tener en cuenta mis pecados.  Concédeme, Virgen de Regla,  lo que con fe te pido de corazón,  para mejor poderte servir en adelante,  honrarte, venerarte, darte gloria  y manifestar tu bondad y misericordia.  Así sea.  

¡Viva la virgen de regla!