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Tercer DÍA DE NOVENA

preparatoria a la fiesta de Nuestra Señora de la Regla de San Agustín 

Para iniciar el rito se hace la señal de la cruz y se reza el acto de contricción

ORACIÓN PREPARATORIA


     Acuérdate, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección, implorando tu auxilio y reclamando tu socorro, haya sido desamparado de ti.  Animado con esta confianza, a Ti también acudo, ¡Oh Virgen, Madre de las vírgenes! y, aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a comparecer ante tu presencia soberana.  ¡Oh Madre de Dios!, no deseches mis humildes súplicas; antes bien, escúchalas y acógelas favorablemente. Amén.

ORACIóN PARA  TODOS LOS DIAS 


     Virgen de Regla y Norma de vida, Inmaculada llena de gracia, bondad y ternura en abundancia, me rindo a tu maternal acogida. Lirio y Madre de humanidad,  Faro radiante y singular protectora, de mis aflicciones conocedora,  tu misericordia llama a mi ruindad. María buena, dócil y cariñosa, dame la dicha de tenerte por Madre hijo del Eterno Dios y Padre, digno de tu intercesión poderosa. Oh Sierva de la Bienventuranza, dame al Dios hermano, quiero ser cristiano de tu mano, y caminar a tu semejanza. AMÉN.

ORACIóN PARTICULAR


     Santísima Virgen de Regla, eres Salud de los enfermos; y enfermo yo, necesitado de Salud no encuentro fuera de ti otro remedio más que tu intercesión maternal. Nos das a Jesucristo, el Señor, fruto de vida y de salud, y fuente de toda felicidad y gracia, que libra de todo mal y dolor. Concédeme Señor, por medio de María tu madre  la petición que vengo hoy a hacerte, confiado en la Promesa de que el que te halla encontrará la vida y alcanzará del Señor la salud.  Por eso me postro yo también ante tu imagen de Regla, a implorar tu asistencia misericordiosa. Si tú quieres puedes sanarme; sáname y seré sano; remédiame y seré remediado; lo hago por tu mediación, Virgen Santa.  Dame tu ayuda y socorro, sana mi alma del pecado. Así sea. 

CONSIDERACIÓN / REFLEXIÓN DEL DÍA


     Consideramos hoy la Virginidad de María como una gracia especial y particular que Dios concede a Nuestra Madre. Muchas veces la devoción remarca extraordinariamente este aspecto de tal manera que no llamamos a María por su nombre sino le damos el título de la Santísima Virgen. El dogma de la Perpetua Virginidad se refiere a que María fue Virgen antes, durante y perpetuamente después del parto. "Ella es la Virgen que concebirá y dará a luz un Hijo cuyo nombre será Emanuel" (Cf. Is., 7, 14; Miq., 5, 2-3; Mt., 1, 22-23). Nos sorprende cómo Dios hace las cosas de manera tan entrañable. La Virginidad, que no es otra cosa que entregarse al Señor completamente, hace a María capaz de ser todavía más fecunda en todos los aspectos que una criatura humana puede llegar a ser.  Agradecemos el don de la Virginidad en María y en tantas personas que sienten el deseo y la necesidad de reservarse por completo al Señor como cosa y posesión suya. Sería impensable una Iglesia en la que no hubiera personas entregadas por completo al Señor a ejemplo de Jesús y María. Pedimos por su fidelidad y porque su ejemplo arrastre a muchos otros a entregar lo mejor al Señor y la Iglesia.  Francisco y Clara de Asís nos invitan a imitar los dones y virtudes de la Santísima Virgen María y reproducirlos en nuestra propia vida. Seremos madres de Nuestro Señor Jesucristo –afirman- cada vez que lo comulgamos y lo llevamos en nuestro cuerpo casto y lo damos a luz al mundo con nuestras obras y palabras. Mirando el ejemplo de Virginidad de María nos sentimos felices y orgullosos de tener una Madre que nos invita a la vida desde su fecundidad espiritual.  


GOZOS A n. S. DE REGLA


L. Faro radiante, Virgen de Regla, danos tu protección. 


T. Faro radiante, Virgen de Regla, danos tu protección. 


L.  Virgen madre entregada por completo al Señor, 

alma castísima que nos da a nuestro santo redentor. 


T. Faro radiante, Virgen de Regla, danos tu protección. 


L.  Gloria excelsa de toda cristiana virtud, 

amparo poderoso de la necesidad del creyente. 


T. Faro radiante, Virgen de Regla, danos tu protección. 


L.  Sol claro y radiante que alumbra nuestra miseria, 

celestial doncella, el más precioso diamante. 


T. Faro radiante, Virgen de Regla, danos tu protección. 


L. Arca de la Nueva Alianza, la por Dios elegida, 

Madre de Dios en la tierra, Esposa del Espíritu Santo. 


T. Faro radiante, Virgen de Regla, danos tu protección. 


L. Templo de Salomón y ciudad de defensa, 

quien en sí no contempló ninguna culpa. 


T. Faro radiante, Virgen de Regla, danos tu protección.


EJEMPLO  


     El año 1329, vivía en Sanlúcar de Barrameda una pobre mujer enferma que no podía ni levantarse ni moverse en la cama. En medio de la aflicción invocó a la Santísima Virgen de Regla. La enferma vio cómo la Virgen apareció en su habitación tal como se venera en su santuario.  Admirada con la visión, pero llena de santa familiaridad, invito a la  Virgen a acercarse a su lecho. La Madre de Dios, aceptando su humilde  ruego, tomó una teja, que había junto al hogar, y se sentó sobre ella a la cabecera de la enferma. Sentada, tocó a la enferma y la invitó a levantarse. Inmediatamente lo hizo, mientras besaba la mano de su bienhechora. La enferma tomó el camino de Regla, llevando la teja sobre la que se había sentado la Reina de los Ángeles. Durante el camino pidió limosna para mandar celebrar una Misa en honor de María Santísima. Sólo llegó a reunir cuatro cuartos, pero habiendo entrado en la sacristía de Regla, y cuando fue a entregar la limosna recibida, vio, con admiración, que las 14 monedas de cobre se habían convertido en piezas de plata. Algunas de estas monedas se repartieron a los Duques de Medinaceli, Medina Sidonia... y otros. Otros quedan en el Santuario para fomentar la devoción de los fieles.



 Pedimos el favor que deseemos alcanzar en esta novena por intercesión de María Santísima de Regla. 




Padre nuestro

 Ave María 

Gloria  

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DIAS


     Santa Madre de Dios,  patrona y abogada nuestra,  que desde tu Santuario de Regla  velas constantemente por tus hijos como Madre cariñosa y atiendes solícita al socorro   de todas las necesidades. Muéstrame nuevamente a tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, Luz y guía en el mar de la vida.  Escucha, Nardo Purísimo, mi oración, sabes bien lo necesitado que estoy  y cuánta es la confianza y necesidad que tengo en tu protección poderosa.  Auxíliame, por tanto, en mi petición,  sin tener en cuenta mis pecados.  Concédeme, Virgen de Regla,  lo que con fe te pido de corazón,  para mejor poderte servir en adelante,  honrarte, venerarte, darte gloria  y manifestar tu bondad y misericordia.  Así sea.  

¡Viva la virgen de regla!